No fue sólo Hitler ni es sólo Fidel

Diario Las Americas 24 de noviembre de 2007

Por Frank Calzón

“Los crímenes nazis se han descrito casi siempre como las aberraciones de un puñado de dirigentes enloquecidos que habían conseguido hipnotizar a las masas”. Entre algunos académicos cubano-americanos existe una apreciación similar.

Pudiera parecer exagerado, pero el papel de un führer demagogo y la llamada hipnotización de las masas son elementos a considerar para entender la realidad cubana.Los gritos de las masas en la Plaza de la Revolución demandando al unísono el fatídico “Paredón”; las masas golpeando a los que querían irse del país, mientras les gritaban aquello de “que se vayan, ¡que se vayan!”, y Fidel Castro alardeando de que “no los queremos, no los necesitamos”, son un ejemplo de cómo una sociedad que nunca había dado muestras de ese nivel de irracionalidad puede llegar a un fanatismo ilimitado.

Según Robert Gellately, autor de un importante libro titulado “No sólo Hitler”, a pesar de “la piadosa aceptación tradicional de que los alemanes no sabían lo que pasaba una buena parte de la sociedad alemana aceptó y participó en el terror”. Lo mismo sucedió en Cuba.
Las experiencias son diferentes, pero la propaganda del régimen hitleriano, la GESTAPO, las ejecuciones, las organizaciones de masas y el control totalitario del país lograron amordazar y silenciar a los demócratas alemanes. Lo mismo hizo posible el castrismo.

Los cubanos debemos estudiar cómo los alemanes y otros lograron superar esa etapa de su historia. La reconciliación checa se basó en dar a conocer todo lo que sucedió bajo el comunismo; la sudafricana en que los culpables reconocieran públicamente sus crímenes ante una “Comisión de la Verdad”. En España el Rey Juan Carlos logró llevar el país de la dictadura a la democracia con la fórmula “de la ley a la ley”, logrando que las Cortes franquistas terminasen ellas mismas su mandato; y ayudado porque Franco había alentado el desarrollo de una poderosa clase media.

La relación entre justicia, transición, reconciliación, y verdad no puede ignorarse. Casi todos los cubanos fuimos víctimas del régimen en un momento u otro, aunque algunos fueron más víctimas que otros.

La reconciliación nacional en Cuba, a pesar del énfasis que ponen los que tratan de establecer una equivalencia moral entre el exilio y el régimen tiene que basarse en la verdad. Como mínimo tienen que terminar el terror y la violencia y régimen tiene que poner en libertad a todos los presos políticos. Si no la discusión sobre la “reconciliación” es otra jugarreta, otra campaña de desinformación, como lo fue el mal llamado “diálogo”, donde algunos se prestaron a usurpar el lugar que les correspondía y todavía les corresponde a los cubanos y cubanas que en la isla encaran el terror castrista todos los días.

La oposición cubana, eminentemente pacífica, ha expresado muchas veces su apoyo por una transición a la democracia donde participen todos los cubanos, pero esa no es la imagen que le conviene al régimen y a sus acólitos en el exterior.

Además existe la maquinaria de propaganda y espionaje del castrismo dentro y fuera de la isla. El castrismo utiliza las mismas estrategias que utilizaba la Unión Soviética durante la Guerra Fría. Moscú acabó aceptando que había “problemas” bajo el comunismo pero insistió en que en Occidente también había “problemas”; tratando de establecer una equivalencia moral con el mundo libre. Ese paralelismo es una de las grandes falacias del siglo XX y una de las grandes infamias que todavía utilizan algunos, que obligados a reconocer las “imperfecciones” del castrismo, mantienen como válidas algunas de las premisas del régimen.

El día en que Cuba sea libre es necesario un programa similar al de la desnazificación implementado en Alemania. Hay que mostrar a las masas cómo viven ahora realmente los jerarcas del régimen. Cómo destruyeron casi todo lo que los cubanos habían construido durante doscientos años. Hay que llevarlos cómo se llevó a los alemanes a los campos de exterminio, para que vean las “gavetas” donde se encierran como en una tumba a los presos políticos, hay que llevarlos a que vean las celdas tapiadas y mostrarles las consecuencias destrucción y en vidas humanas del “internacionalismo proletario.

Hay que explicarles a millones de cubanos que sólo han conocido las mentiras castristas, como era la Cuba republicana, con sus aciertos y sus faltas. Hay que reunir a los miembros de las brigadas de acción rápida para que expliquen por qué golpearon a cubanos indefensos. Y hay que mostrarles a los cubanos de forma objetiva y veraz la historia del mundo antes y después de la revolución castrista.

Hace falta que los cubanos vean como en España, Chile, Costa Rica, y otros países la gente no tiene que sufrir la censura, la falta de derechos sindicales o de la mayoría de los derechos fundamentales para poder conseguir esos “logros” que ya, si un día los hubo al ser subsidiados por los soviéticos, ya se han esfumado en la isla.

La verdad, como ha insistido Vaclav Havel, es fundamental. No es cuestión de venganza, ni de castigo, ni de revancha. Pero para que la pesadilla castrista nunca vuelva a suceder, como en el caso de Alemania, los cubanos tienen que entender qué fue lo que sucedió y cómo y por qué ocurrió. Porque la verdad es que en Alemania no fue sólo Hitler y en Cuba no es sólo Fidel.

Frank Calzon es Director Ejecutivo del Centro para una Cuba Libre en Washington, DC

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