Los críticos del discurso de Bush se equivocan
Diario Las Americas 10 de noviembre de 2008
Por Frank Calzon
Durante años, muchos denunciaron a los Estados Unidos porque según ellos, la represión criminal de Pinochet, Trujillo, los Somoza y los Duvaliers no hubiera ocurrido sin el apoyo del gobierno norteamericano. Pero ahora que por más de treinta años la política de Washington ha sido la promoción de la democracia en la región, el Presidente George W. Bush recibe fuertes críticas por oponerse a la dinastía de los Castro en Cuba.
La invasión de Haití por los Estados Unidos, que terminó con la dictadura militar haitiana en 1994, recibió un apoyo prácticamente unánime, aunque son muchos menos a los que parece interesarles la tragedia de once millones de personas, vecinos de la democracia americana, que sufren bajo el régimen totalitario de los Castro empecinados en no permitir una transición a la democracia.
Un buen ejemplo es la rabieta de muchos de los críticos del discurso del Presidente Bush sobre Cuba y la realidad es que aparentemente muchos de ellos ni leyeron ni escucharon el discurso del Presidente quien dijo la verdad cuando insistió en que “los gobernantes cubanos prometieron la libertad, pero le negaron a los cubanos todos los derechos que disfrutan millones de personas alrededor del mundo”.
“En Cuba es ilegal cambiar de trabajo, cambiar de vivienda, leer libros o revistas que no tengan la aprobación del gobierno”, dijo Bush; agregando que “el día viene llegando cuando el pueblo cubano decidirá su propio destino en pos de una vida mejor”.
Es cierto, como dice el Presidente que “en estos momentos aumentan los llamados a realizar cambios fundamentales en toda la isla. Se propagan las manifestaciones pacíficas. Este año los principales disidentes cubanos se congregaron por primera vez para emitir ‘Unidad por la Libertad’, una declaración a favor del cambio democrático”.
Bush tiene la razón cuando dice que “hubo un tiempo en que muchos expertos dijeron que ese día nunca llegaría a Europa Oriental, a España o a Chile, pero estaban equivocados”. Y dice la verdad cuando mantiene que “los disidentes de hoy serán los líderes del mañana y, finalmente, cuando llegue la libertad, sin duda recordarán quienes estuvieron de su lado”.
A pesar de lo que ha escrito la Sra. Uva de Aragón sobre “las contradicciones del Señor Presidente” sugiriéndole que “termine sencillamente” con el embargo y “ayude a abrir la isla” lo cierto es que la escasez de mangos y de tomates no se deben al embargo y que su levantamiento sobre la base de las ingenuamente lamentables contradicciones de la Señora de Aragón, (quien poco dice sobre los presos políticos, o los hoteles donde se hospedan los académicos como ella cuando viajan a la isla, que están vedados a los cubanos), sería ayudar a mantener la tiranía. En las palabras de Bush “Estados Unidos no participará en darle oxígeno a un régimen criminal cuya victima es su propio pueblo.”
¡Qué pena que los críticos no le presten atención al apoyo de las sanciones que ha expresado Marta Beatriz Roque, la expresa política cubana que desde La Habana, como la disidente burmesa Aung San Suu Kyi desde Rangún, apoya valientemente las sanciones económicas!
Para los críticos, lo fundamental no es la falta de libertad en Cuba, si no los discursos del presidente o la política norteamericana. Los hay que solo escriben sobre la tragedia cubana cuando les sirve de excusa para denunciar a Bush. Ni de casualidad escriben sobre las damas de blanco o sobre más de un preso político cubano al borde de la muerte.
¿Quiénes tienen más contradicciones, el Presidente preocupado por la libertad de los cubanos, o algún crítico que viviendo en los Estados Unidos, ha recibido visas del castrismo (aparentemente por ser “moderado” según el régimen) para visitar a Varadero, sin atreverse a visitar a los disidentes “para no meter en dificultades a la persona que le consiguió la visa”? Otros como el Dr. Wayne Smith del Centro para Política Internacional en Washington se oponen al establecimiento de un Fondo Internacional para la Libertad en Cuba que anunció el Presidente cuando recabó el apoyo de otros gobiernos para ayudar a reconstruir Cuba. ¿Qué tiene de malo ofrecer esa ayuda? Después de la Segunda Guerra Mundial, Harry Truman no era muy popular cuando anunció el Plan Marshall para reconstruir a Europa. El plan fue un éxito, pero en aquel momento a Truman lo criticaron también.
De Ronald Reagan se burlaron cuando le pidió a Gorbachev, el líder soviético que derribase la muralla de Berlín. Reagan tenía la razón y la muralla de Berlín desapareció. La oposición cívica cubana se niega a ser silenciada a pesar de que muchos de sus miembros son apaleados y cumplen muchos años de prisión; y muchas democracias europeas apoyan a los disidentes cubanos.
Los críticos quieren desmantelar lo que queda del embargo “para que hayan reformas en Cuba”, “para que Cuba se abra”. Es lo que dijeron cuando convencieron al Congreso para que autorizase la venta de productos agrícolas a Castro, incluyendo el papel en el que a veces se imprime Granma. El resultado: no han habido reformas y los exportadores americanos se han convertido en cabilderos de La Habana.
El Presidente no se equivocó cuando señaló que “el régimen usa el embargo como chivo expiatorio por las miserias de Cuba”. Agregando que “desde hace mucho tiempo, presidentes miembros de los dos partidos políticos americanos entienden que la fuente del sufrimiento de Cuba no es el embargo, sino el sistema comunista”.
Haciéndose eco del libro de Vaclav Havel “El poder de los sin Poder”, Bush le dijo a los cubanos: “ustedes tienen el poder de decidir su propio futuro, pueden alcanzar un futuro en que sus líderes les den cuenta de su actos, donde puedan expresar sus ideas, y donde sus hijos puedan crecer en paz.” Bush también recordó las palabras de Juan Pablo II cuando visitó la isla 1998: “no tengan miedo” dijo el pontífice. “No teman al futuro” dijo el Presidente.
George W. Bush también dijo algo muy similar a las palabras de Martin Luther King quien declaró con gran convicción que “al final no recordaremos las palabras de nuestros enemigos si no el silencio de nuestros amigos.”
Frank Calzón, Director ejecutivo del Center for a Free Cuba.





