Algunas veces vemos lo que no existe

Diario Las Americas 22 de febrero de 2008

Por Frank Calzón

Comenzando con el desmayo de Fidel Castro en el Cotorro, en el 2001; continuando con el tropezón del 2004; siguiendo con el anuncio de la “crisis intestinal aguda” que le “obligó a enfrentar una complicada operación quirúrgica” considerada como “secreto de estado”, hasta el no tan sorpresivo anuncio de su retiro en la red cibernética, el Comandante -según la versión oficial, fue de victoria en victoria, demostrando su gran capacidad, su indudable fuerza intelectual y física y su genial manejo de la opinión pública. Los que insistían en la seriedad de su enfermedad eran unos “mentirosos” o simples “asalariados” del imperialismo.

Cuando el desmayo, el ministro Felipe Pérez Roque, se abalanzó al escenario y alteradamente gritó: “el comandante sufrió un ligero descenso”, al tiempo que reclamó “calma y disciplina en nombre del Partido y del Gobierno”. Los cubanos que estaban viendo la trasmisión en vivo disfrutaron de la caída del Comandante, aunque la pudieron ver una sola vez porque la televisión cubana inmediatamente la eliminó de sus trasmisiones. Aún así, “la caída” del dictador fue objeto de numerosos chistes y bromas de mal gusto a lo largo del territorio nacional.

El video fue trasmitido repetidas veces alrededor del mundo, aunque las autoridades declararon que el desmayo “era cosa usual” debido a las altas temperaturas, evidencia de que la burocracia castrista es incapaz de instalar unos ventiladores cerca de la tribuna para evitarle al comandante las “altas temperaturas”. Pero, si el asunto es cosa usual, ¿cuántos miles de cubanos de la tercera edad colapsan todos los días teniendo en cuenta el calor, los cortes en el servicio eléctrico y el que la dieta y la atención médica que recibe el Líder Máximo son muy superior a la que reciben sus compatriotas?

Fidel convirtió aquella caída en victoria, y ocho horas después logró comparecer públicamente para júbilo de algunos funcionarios del Partido y del estamento militar. Para ellos, sobre todo para los gerentocratas que compartieron la luchas guerrillera de los años cincuenta, como explicó una vez en frase memorable su hermano, el general Raúl, “Fidel es el papá de todos los cubanos”.

Fidel también demostró su sabiduría proverbial después del tropezón. Ocurrido el 21 de octubre de 2004 en Santa Clara (no se divulgó la temperatura ese día) se desparramó frente a las cámaras, y los pocos que todavía sintonizan la aburrida televisión cubana tuvieron la satisfacción de ver aquel desplome peculiar. Lo que no pudo conseguir la CIA con sus tabacos explosivos, decían las malas lenguas habaneras, lo pudo conseguir un experto carpintero, graduado de las escuelas revolucionarias; quien al construir el escenario no dejó suficiente espacio para que el Primer Secretario del Partido pudiese abandonarlo sin incidentes. Pero hay que reconocer que el tropezón y la voltereta de Fidel fueron dignas de los payasos profesionales del Ringling Brothers.

Naturalmente, entre los editorialistas del Granma no hubo risas, que se sepa; resultado de una amonestación anterior a alguno que hacía chistes considerados problemáticos. Inmediatamente, se hicieron eco de la explicación del mejor experto cubano sobre desplazamientos militares en Africa, la industria azucarera, la pesca submarina, los huracanes caribeños, la preparación de arroz en ollas chinas, el número de niños que habrían de graduarse de primaria y secundaria ese año y por los próximos cinco, y los errores de la política fiscal del presidente norteamericano.

Después de su caída el comandante dijo que estaba “entero”. Nada, que la gusanera siempre se equivoca.
Ya para julio de 2006, el Comandante anunció el traspaso del poder, como medida interina, a su hermano Raúl. Los cubanos estaban acostumbrados por medio siglo de incesante propaganda a ver la foto del Fidel por lo menos tres veces por semana en la primera plana de Granma: recibiendo al Primer Secretario del Partido Comunista de algún país africano, o a una delegación de progresistas argentinos, o inaugurando una fábrica de galletas de soya en Jatibonico; pero lamentablemente, la satisfacción de hacer lo que hacen los cubanos con el periódico Granma disminuyó considerablemente una vez que la foto del comandante empezó a publicarse con menos frecuencia.

Fidel continuó en su marcha épica “hasta la victoria siempre”. Los comunicados oficiales informaban que mejoraba rápidamente, y se esperaba su comparecencia en una fecha histórica u otra. Sus admiradores extranjeros celebraron las declaraciones del presidente Hugo Chávez cuando en enero de 2007 dijo: “Fidel está caminando más que yo”, y más aún cuando el brasilero Luis Inacio Lula de Silva dijo en enero de 2008: “tiene una lucidez increíble, está con una salud impecable… Pienso que Fidel está listo para asumir un papel político en Cuba”.

Los críticos, los que Granma dice que quieren “matar la Revolución con guantes de seda” tenemos que reconocer la coherencia de las declaraciones revolucionarias. De la misma manera que le Revolución pregonó por años la erradicación de la prostitución para que después Fidel sorprendiera a los que repetían su propaganda diciendo que las prostitutas cubanas, que hasta entonces no existían bajo su gobierno, eran las más saludables y cultas del mundo; el gran experto azucarero anunció año tras año el cumplimiento de las metas de producción, hasta que inexplicablemente anunció un día que convertiría a los centrales en museos y que Cuba importaba azúcar. De la misma manera, el Fidel rozagante en camino de recuperación parece que ya no se podrá recuperar.

Dicen las malas lenguas que el cortejo fúnebre irá desde La Habana a la Sierra Maestra, en un desfile equivalente a los seis días que le tomó llegar al Comandante de Oriente a la capital, una vez asegurado de que el odiado y peligroso Batista se encontraba disfrutando de la hospitalidad del Generalísimo Trujillo en Santo Domingo.

Próximamente los miembros de la Asamblea del Poder Popular, elegidos por una mayoría abrumadora para puestos en los que solo había un candidato, se reunirán para iniciar el mecanismo que “elegirá” al Presidente de la República, aunque los escépticos dicen que Fidel continuará por muy débil que esté, ejerciendo el poder, como lo hizo por muchos años durante las presidencias de sus seleccionados, los presidentes Manuel Urrutia y Osvaldo Dorticós.

Fidel, si todavía tiene la capacidad de poder hacerse entender, ha decidido ya quien será el próximo presidente del país y es posible que se hará realidad su promesa, muchas veces repetida, de que su hermano Raúl lo reemplazará en el poder, aunque el hermanísimo no ha dicho una palabra sobre si se quiere retirar.

Esta no es la única vez que Fidel se “retira”. En el verano de 1959 renunció para inmediatamente “regresar” al poder después de darle un golpe de estado y poner bajo detención domiciliaria al primer presidente de la Revolución, quien se oponía a los proyectos marxistas de Castro.

Como impactará todo esto en el proyecto “bolivariano” de Chávez está por ver. Chávez ha dicho que Cuba y Venezuela son un mismo país y que el gobierno de Caracas y de La Habana es un mismo gobierno.

Lo que si es incuestionable es que a pesar de lo que digan Granma y sus voceros “exiliados” de Miami, los huérfanos de Papa Fidel van a ser pocos. Después de su muerte y del final de la dictadura, como ha sucedido en tantos otros países, serán menos cada día que pase.

Frank Calzón es el Director Ejecutivo del Centro para una Cuba Libre.

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