Diario Las Americas 4 de agosto del 2007
Por Frank Calzón
Mi padre es asturiano. De un pueblecito no muy lejos de Gijón, de donde partió un día para Buenos Aires, escapando de la Guardia Civil, para reunirse en Buenos Aires con su hermano mayor.
Quiso el destino que conociera a una muchacha que iba en el Marqués de Comillas, que así se llamaba el barco, pero sólo hasta La Habana, y allí se quedó. Más tarde se casó con una linda cubana, mi madre, hija de gallega y de asturiano y cuando venían los españoles a jugar al tute en nuestra casa en La Habana, la conversación regresaba a España y a los desmanes de la Guerra Civil. Allí escuché de pequeño con ojos azorados, cuando apenas alcanzaba a ver sobre la mesa, la historia del mocito de Somiedo que se llevó la autoridad un día, mientras su madre y sus hermanos pequeños lloraban y que nunca más volverían a ver.
En otras palabras, que la historia de España y la hidalguía, el sufrimiento, y la decencia nata de los españoles no me es ajena. Como no me es ajeno que los trabajadores españoles que habían logrado la prosperidad en Cuba que les era imposible encontrar entonces en su patria, no habían robado nada a nadie, y que al contrario su trabajo, sus negocios y sus instituciones contribuían a una sociedad cubana en desarrollo.
Tampoco me es ajeno lo que le sucedió a miles de españoles y sus familias cubanas cuando el Líder Máximo, Comandante en Jefe y Primer Secretario del Partido Comunista, entre otros títulos, confiscó sus hogares, sus negocios, sus centros de educación y de salud, producto como ya he dicho de largos años de ahorro y de trabajo honesto, sin que lamentablemente hubiera una respuesta adecuada del régimen de Francisco Franco, Caudillo de España por la Gracia de Dios. En fin, que antes de ir a la escuela ya yo sabía de un hombre “muy malo” que se llamaba Franco.
Ahora, casi cincuenta años después no me sorprendió leer en un periódico una respuesta de mi padre a unas declaraciones de la Sra. Trinidad Jiménez, secretaria de Estado para Iberoamérica del presidente español José Luís Rodríguez Zapatero. La Sra. Jiménez había hecho a un periodista americano una pregunta muy oportuna: “¿qué ha conseguido la política norteamericana de aislamiento a Cuba?”
Según mi padre, quien vio con gran tristeza la confiscación del Centro Asturiano de La Habana, de su colegio: el Plantel Jovellanos y de su institución hospitalaria, la Quinta Covadonga, lugares donde siempre fueron bienvenidos los cubanos, “el embargo americano ha conseguido que no sean hoteles norteamericanos los cómplices de Fidel Castro en el infame apartheid imperante en la isla por el que se les prohíbe a los cubanos quedarse en los hoteles, incluyendo los administrados por la firma española Sol Meliá.”
Mi padre, como español de su época nunca fue apologista de los Estados Unidos, pero agrega sin embargo que “al menos la política de Washington envía un claro mensaje al resto de América Latina de que una dictadura que no permite elecciones y que niega todas las libertades a su pueblo no debe ser reconocida como un gobierno normal por las democracias.”
Mi padre me enseñó a amar a Asturias, hablándome de sus prados, de Pelayo y sus grandes hombres, de los hórreos, del agua congelada en la palangana a la hora de lavarse uno la cara en la mañana, y de la diferencia entre la tiranía y la libertad.
Pero a pesar, y quizás por su amor a España y a la libertad, mi padre dice ahora que Fidel Castro “para tener relaciones normales con los Estados Unidos, donde han recibido refugio más de un millón de cubanos, debería dejar de apoyar a grupos terroristas alrededor del mundo, incluyendo a ETA, los terroristas vascos responsables de la pérdida de tantas vidas españolas.”
“La pregunta que la señora Jiménez debería hacerse,” dice él, “es cómo justificarán mañana ante los cubanos, los líderes del gobierno de Rodríguez Zapatero, las declaraciones del señor Moratinos deseándole un pronto restablecimiento al dictador.”
“Imagínate la reacción de los españoles,” me dijo, “si el Secretario de Estado americano hubiera acudido a Madrid en medio de la enfermedad de Franco a desearle al dictador buena salud y una completa recuperación.”
Yo por mi parte, creo útil que el gobierno español le haya pedido a La Habana que permita la visita del Comité Internacional de la Cruz Roja a los presos políticos cubanos. La Cruz Roja solicitó una vez más en Diciembre último poder visitar a los presos de los Castro. Es la misma Cruz Roja que visita a los detenidos en la Base de Guantánamo, pero el General Raúl Castro no permite que los inspectores de la Cruz Roja crucen la cerca que los separa del territorio donde se encuentran cautivos demócratas cubanos, muchos de ellos presos de conciencia reconocidos por Amnistía Internacional, y muchos de ellos nietos e hijos de españoles.
Lamentablemente, las gestiones del Ministro Moratinos, hasta hora, no han tenido éxito. Y simplemente darle más plazos a la tiranía cubana tiene más que ver con la política interna de España y las necesidades del momento del PSOE que cualquier esperanza real de éxito, como están dispuestos a reconocer privadamente los diplomáticos españoles. Es difícil pensar de otra manera, si el Presidente Zapatero no ha podido conseguir siquiera, a pesar de su gran influencia con los Castro, que se reabra en La Habana el Centro Cultural que fue inaugurado por el Rey Juan Carlos durante su visita a la isla hace unos años. Mientras Madrid gestiona una posición más blanda de los gobiernos europeos, la Cruz Roja no entra en Cuba, y el Centro inaugurado por el rey español sigue clausurado por órdenes directas de Fidel Castro.
La política de casi medio siglo de comerciar, darle préstamos, y hacer concesiones al régimen es un fracaso. ¿Por qué preguntar solamente cuales han sido los logros de las sanciones americanas y no preguntar también cuales han sido los resultados de una diplomacia normal con esa dinastía criminal, a la Duvalier que permite los negocios de extranjeros en la isla, mientras encarcela a cualquier cubano que quiera comprar frutas y vegetales en el campo y venderlos en la ciudad?
Hoy Castro compra cientos de millones de dólares en cereales y otros productos alimenticios a compañías americanas. Las ventas son al contado. Pero las compañías americanas presionan a Washington para que conceda préstamos y acceso al Banco Mundial a La Habana. De salirse con las suyas, los acreedores americanos acabarán al final de la larga cola de los que esperan poder cobrar algún día, cada día más lejano en la que se encuentran muchos de los que han creído en los cantos de sirena de La Habana, incluidos algunos españoles que en los últimos tiempos descubrieron que sus inversiones eran poco más que concesiones arbitrarias, sin recurso legal de ningún tipo.
Los Castro no han tenido préstamos de bancos norteamericanos, como los préstamos europeos y japoneses, los cuales lejos de beneficiar al pueblo cubano, se han malversado y utilizado para fortalecer al régimen represivo. Los Castro son un mal cliente que no paga lo que debe, como saben los acreedores del Club de París, consorcio de bancos y gobiernos a los que La Habana adeuda miles de millones de dólares. Y para mayor vergüenza, en los últimos años algunos de ellos han comenzado a renegociar los préstamos a más largo plazo, endeudando aun más a las futuras generaciones cubanas.
El Ministro Moratinos no tuvo tiempo para reunirse con los líderes de la oposición democrática, y pacífica durante su viaje a La Habana. Ahora las autoridades españolas se reúnen con representantes exilados. Yo mismo he podido constatar la cortesía y la alta profesionalidad de los diplomáticos españoles, y agradezco al Ministro Moratinos que me haya respondido en una detallada carta una petición que le hice antes de su visita a Cuba.
Pero la cuestión no es si los cubanos libres podemos hablar con el Ministro español. Con los que debería haber hablado el Señor Ministro es con la oposición democrática en Cuba; y como no lo hizo debería insistir con los carceleros de La Habana en que se les permita viajar a Madrid para reunirse con líderes españoles del gobierno y de la oposición. El Sr. Moratinos sabe quienes son: Marta Beatriz Roque, Oswaldo Paya, el Dr. Oscar Biscet (al que se le debería poner en libertad como pide Amnistía Internacional), las representantes de las Damas de Blanco (esposas y madres de presos políticos), la Dra. Hilda Molina, científica cubana retenida ilegalmente por el régimen y otros.
Los cubanos en la isla se han unido para reclamar la libertad. Han demostrado su valentía y su devoción al país al insistir en mantenerse en la isla para contribuir a un futuro mejor. Varias organizaciones de derechos humanos europeas se han unido en una petición a los gobiernos del Viejo Continente para que desarrollen una estrategia común en defensa de los derechos humanos en Cuba.
El gobierno del Sr. Rodríguez Zapatero tiene una grave responsabilidad histórica ante cubanos y españoles, precisamente por ser el representante de España, la España de nuestros antepasados. España no es para los cubanos cualquier país. Y es por eso que en la isla se sigue con tanto interés la discusión en la prensa y en el mundo político español porque la información a pesar de la rígida censura castrista se filtra y circula como un torbellino a lo largo y ancho de la isla. Es por eso que los disidentes se negaron en La Habana a reunirse con los diplomáticos españoles cuando el Sr. Moratinos no tuvo tiempo para ellos. Porque como uno de los líderes de la oposición me hizo saber en una nota sacada de Cuba de contrabando, “no es una cosa personal, pero el ministro tuvo tiempo para reunirse con los representantes de la tiranía y no con los que sufren por defender la libertad.”
Para los cubanos que queremos con todo nuestro corazón a Cuba y a España, el asunto tiene que ver con el sufrimiento de los cubanos, pero también con el honor de España.
Frank Calzón es el director ejecutivo del Centro para Cuba Libre, organización independiente basada en Washington que promueve los derechos humanos en Cuba.





