7 de Diciembre, 2002 | El Nuevo Herald
by Frank Calzon
Los cubanoamericanos aún celebraban la reelección en la Florida del gobernador Jeb Bush y la recién elegida mayoría republicana en el Senado, cuando empezaron los rumores: el embajador Otto J. Reich no sería renominado para el cargo de subsecretario de Estado para Asuntos Hemisféricos.
Reich es un cubanoamericano prominente. Fue embajador de Estados Unidos en Venezuela, y es crítico abierto de Fidel Castro. Cuando el senador Christopher Dodd, demócrata por Connecticut y presidente del Subcomité del Senado para Asuntos Hemisféricos, se negó a concederle a Reich la consabida audiencia de confirmación el año pasado, el presidente Bush lo nombró interinamente.
Si a Reich no lo nombran esta vez cuando los republicanos asuman formalmente el control del Senado, Castro en La Habana celebrará su despido y el grupo de cabildeo que aquí busca levantar el embargo –el mismo que quiere que el contribuyente norteamericano subsidie el comercio con Castro– se verá revitalizado.
La administración empezó a renominar a otros funcionarios no confirmados anteriormente. Ninguno es cubanoamericano, lo que levanta sospechas entre personas como la señora que me hizo este comentario de pasada: “Si Reich no fuese cubanoamericano, ya lo hubieran renominado”.
Reich se ha destacado en su cargo de subsecretario de Estado para Asuntos Hemisféricos; no hace mucho, la Oficina del Inspector General le dio a su departamento una evaluación sobresaliente. Lo insólito es que lo que entorpece su renombramiento es precisamente su lealtad incuestionable al Presidente, y su tesón en defender la política de la Casa Blanca. Apoyar una política presidencial controversial trae la enemistad y las represalias de ideólogos y burócratas en Washington. A Otto Reich jamás le han perdonado su apoyo a la política centroamericana de los años ochenta de Reagan-Bush, a pesar de que liquidó la subversión soviética en la región.
¿Importa en realidad la no renominación de Reich si la política del presidente Bush hacia Cuba permanece intacta y vigente? La respuesta, al estilo cortante de Washington, es sí: lo que se hace con el personal se hace con la política. Puede que estemos no sólo ante una tragedia personal, sino también ante una tragedia política. En las elecciones presidenciales de 1992, a muchos cubanoamericanos se les hizo creer que no habría gran diferencia entre la política exterior de George H. Bush y la de Bill Clinton. Clinton recibió una cantidad estimable de votos cubanoamericanos. Hoy por hoy, mis compatriotas no creen en ”no habrá gran diferencia”.
Escarmentados de la experiencia Clinton, los cubanoamericanos se volcaron masivamente a apoyar la candidatura presidencial de George W. Bush y a reelegir a su hermano Jeb como gobernador de la Florida.
Los hay en Washington que plantean que, aun con mayoría republicana en el Senado, no hay suficientes votos para aprobar la nominación de Reich en el Comité de Relaciones Exteriores. Pero, ¿quién puede creer que alguien como el secretario de Estado Colin Powell, capaz de convencer a los enemigos de Estados Unidos en Naciones Unidas para que apoyen la política del Presidente hacia Irak, no podría convencer a sus colegas republicanos de confirmar a Otto Reich?
Hacia fines de noviembre, el susodicho comité lo integraban diez senadores republicanos y nueve demócratas. Tres de sus miembros no regresarán al mismo: los senadores Jesse Helms (republicano, Carolina del Norte), Robert Torricelli (demócrata, New Jersey) y naturalmente, el difunto Paul Wellstone (demócrata, Minnesota). Otros senadores han expresado su deseo de integrar otros comités, y Richard Lugar (republicano, Indiana), que preside el comité, quiere reducirlo.
No obstante, los republicanos ocuparán la mayoría de los escaños del Senado. Lograr una audiencia de confirmación en la que Reich pueda rebatir las absurdas acusaciones en su contra debería ser tan justo como sencillo. Además, de seguro algunos senadores demócratas pondrán a un lado las diferencias partidistas, entenderán que Estados Unidos no va a ganar absolutamente nada al comerciar con Castro, y confirmarán la nominación de Reich.
Lo que está en juego es mucho más que la relación entre grupos étnicos y política, o el ”voto cubano”. En el peligroso mundo en que vivimos, no hay como el liderazgo de Estados Unidos. El presidente Bush necesita personas como Otto Reich dispuestas a enfrentar ataques y defender su política. Reich ha demostrado que está capacitado para ambas cosas, y el ejemplo más reciente lo dio durante el intento de golpe en Venezuela. A mucha gente trabajadora, digna y leal en la Florida no la va a convencer eso de que ”no hay suficientes votos para confirmarlo” si ahora la administración no apoya a Otto Reich y lo renomina para este importante cargo. La Casa Blanca debería tener una respuesta más adecuada.
Frank Calzon es el Director Ejecutivo del Centro para Cuba Libre, en Washington, D.C.





